Sorprende el éxito comercial en Estados Unidos de una película tan insólita como 'Buried' ('Enterrado'), filmada en Hollywood por el cineasta español Rodrigo Cortés con un mínimo presupuesto y un sólo actor ante las cámaras. Un contratista civil en Irak, tras ser secuestrado, despierta enterrado vivo en un ataúd de madera. Ignorante de lo sucedido, el único modo de escapar de tan espantosa pesadilla es un teléfono móvil, de cobertura precaria, así como un encendedor Zippo. La falta de oxígeno será otro de los mayores obstáculos a los que deberá hacer frente, en un combate a vida o muerte contra el tiempo.
A lo largo de la historia del cine son varias las películas que se enmarcan en un escenario único. 'Doce hombres sin piedad', 'Estación Términi', 'La casa encantada' o 'Hard Candy' son buenos ejemplos. Sin embargo, ninguna es tan radical como 'Buried', aunque Quentin Tarantino incluyó toda una secuencia semejante en su película 'Kill Bill'. Así que no puede ser más arriesgado y original el desafío emprendido en esta ocasión por su máximo responsable, del que sale airoso gracias a la convicción con que lo afronta, así como a la estilizada fluidez a la hora de resolver tan comprometido "tour de force". Y el claustrofóbico esfuerzo interpretativo de Ryan Reynolds, colabora al éxito.
Una cámara móvil, que incluye un increíble travelling alrededor del cuerpo del protagonista, atenta a captar las acciones y reacciones del protagonista y a penetrar en las angulaciones más impactantes, cortesía del camarógrafo catalán Eduard Grau, responsable asimismo de las iluminaciones de 'Honor de caballería' y 'Un hombre soltero', realza este asfixiante descenso a los infiernos que mantiene una tensión y suspense constantes, sin llegar a aburrir en ningún momento. Bienvenida sea, pues, esta intriga vital sobre un ser humano enterrado vivo, que estoy seguro hubiera hecho las delicias del mismísimo Edgar Allan Poe.
