Desde que fue candidato hace doce años al Goya de mejor actor revelación por aquel esponjoso personaje de "Flores de otro mundo", también dirigida por Icíar Bollain, Luis Tosar ha conseguido apuntalarse en varios terrenos: en la filmografía de Icíar Bollain, en los premios Goya, en el cine internacional, en el pensamiento social de su profesión de cómico, en la política gallega y europea..., hasta el punto de que podría decirse que se hecho casi imprescindible en cualquiera de estos territorios, y ha ganado Goyas de todos los colores, por "Los lunes al sol", por "Te doy mis ojos", por "Celda 211" y tal vez por "También la lluvia", al que aspira este año; fue la punta de lanza de aquel "Nunca mais" contra la guerra de Irak; participó en las elecciones al parlamento europeo de 2004 por las listas de Galeusca, del BNG, ha rodado con Michael Mann, Jim Jarmusch, Bernard Rose...
En el terreno puramente interpretativo, que es el que lo trae ahora a la actualidad, Luis Tosar ha conseguido moldear la mejor versión de sí mismo, y además contra todo pronóstico, pues ha tenido el talento de modular su físico agresivo y adecuarlo con igual eficacia a papeles de villano, de héroe, románticos, humorísticos, dramáticos, amables y odiosos. Incluso, en alguna ocasión, combinarlos en el mismo personaje, como en su cumbre hasta le fecha, el "Malamadre" de "Celda 211". Y esa mejor versión de sí mismo que ha sabido modelar Luis Tosar es la que lo aleja de los papeles a los que parecía estar "condenado" por un supuesto corsé (como Hugh Grant, por ejemplo) y lo acerca, en cierto modo, a otro Hugh, a Hugh Jackman, y no sólo porque dé un perfil semejante al de "Lobezno", con esas patillas poderosas y ese primer plano duro del que es capaz de comerse medio kilo de tachuelas.
Su candidatura al Goya de interpretación este año es por un personaje realmente atractivo, el de un productor de cine atrapado entre varios dilemas durante el rodaje de una película en Cochabamba, Bolivia, y que él atrapa en toda su complejidad y se lo sirve correoso al espectador. Es uno de los puntales de "Y también la lluvia". Frente a él compiten también por el premio grandes actores (como Antonio de la Torre, por su payaso cruel en "Balada triste de trompeta"), pero sobre todo uno, Javier Bardem, con el que mantiene un admirable pulso profesional desde hace una década, al menos dentro del cine español.
Si la lógica tuviera algo que ver con los premios de la Academia de Cine Español, Luis Tosar estaría en cierta desventaja con sus competidores: primero, porque ganó el premio el pasado año con un personaje arrollador (Malamadre) y con el que ha sido el mejor trabajo de su carrera, y segundo, porque el oleaje de Bardem (candidato al Oscar) sólo se presiente la capacidad de pararlo en Antonio de la Torre, el genial protagonista de una película con tanto o más oleaje, "Balada triste de trompeta", de un director, Álex de la Iglesia, que acaba de formar un tsunami en la Academia.
